lunes, 1 de diciembre de 2008

Platillos & sentimientos

¿Qué tan fácil es poner los sentimientos sinceros de una persona en un plato y servirlos a la mesa para que alguien más los deguste?

Casi siempre estos sentimientos son un platillo pesado que la otra persona no puede digerir o que termina por rechazar con tan solo ver lo que esta servido y sin tan siquiera probar.

Acaso, ¿los sentimientos pueden causar la misma sensación que un platillo?... que, tan solo con verlo ni ganas dan de acercarse o que ni con todos los condimentos disponibles en el mundo ¿puedan darle sabor al paladar?...

Y si así fuera, la solución será ¿cambiar de platillo? O ¿tirar el que está servido y pasar al que sigue?
¿Se pueden tirar los sentimientos como un plato de comida?, acaso ¿no la pasamos desperdiciando sentimientos? O…

… ¿la sazón de algunas personas carece ante la percepción de otras?
Quizá algunas personas tengan miedo de probar y prefieran estar a dieta, antes de llenarse de urticaria sentimental…

Quizá otras personas tengan miedo de probar y pasar al siguiente platillo…
Y otras más tengan miedo de hacerse adictas a un nuevo sabor…
Pero…


… si nos quedamos viendo de lejos como se ve el platillo, podamos perder mucho más que probándolo o preguntando de que está hecho.
En el mejor de los casos, podríamos proponer una nueva receta de sentimientos hecha por nosotros mismos, con nuestro toque personal y con algún ingrediente secreto.

Bacm